27 de octubre, 2009. El método se denomina Biomonitoreo, y utiliza
organismos vivos para realizar mediciones de calidad del aire,
evaluando la respuesta de éstos frente a la contaminación ambiental. El
trabajo es desarrollado por el Centro de Tecnologías Ambientales
(CETAM) de la Universidad Santa María, liderado por el Dr. Francisco
Cereceda. Fuente: El Mercurio de Valparaíso ; Terra.
El aire de una ciudad, de una industria o
incluso de una vivienda puede contener, en altas o bajas proporciones,
diversos tipos de contaminantes. Existen muchas sutancias distintas que
contaminan el ambiente, y una forma de evaluar sus efectos tóxicos es
el biomonitoreo, técnica que utiliza organismos vivos, en este caso
diversas plantas, -sensibles a varios tipos de gases y/o partículas-
que reaccionan de diferentes formas cuando detectan la presencia de
contaminantes específicos.
Pero, ¿por qué usar plantas? Para el líder de este proyecto, Director
del CETAM y académico del Departamento de Química, Dr. Francisco
Cereceda, las ventajas de esta técnica son bastante amplias, y van
desde reducción de costos, mejorar la eficiencia y la cobertura para
monitoreo de zonas extensas y por largos períodos de tiempo, hasta la
posibilidad de evaluar mezclas complejas de contaminantes orgánicos e
inorgánicos a nivel de trazas.
“Muchas sustancias que contaminan el aire, el agua o el suelo ejercen
un efecto sobre los seres vivos, y algunas de ellas producen alteración
en los genes, lo que puede producir efectos mutagénicos en los mismos.
Estos efectos pueden ser evaluados por métodos biológicos tales como el
biomonitoreo”, señala Cereceda.
Asimismo, el especialista explica que, en el marco del proyecto
Fondef-CONICYT, el Laboratorio de Biomonitoreo del CETAM, a cargo de la
Ingeniera Agrónoma Ximena Fadic, trabaja principalmente con el
biomonitor denominado Tradescantia, una planta que ha sido validada
internacionalmente por la International Programme on Chemical Safety
(IPCS), organismo que catalogó su uso como “una manera eficiente,
confiable y rápida” para evaluar ambientes genotóxicos (que producen
daño en el material genético).
Para los ensayos in situ basta con exponer la planta tan sólo 8 horas
al ambiente que se quiere evaluar para que se evidencien cambios en la
misma, siendo la respuesta del vegetal a la presencia de sustancias
contaminantes genotóxicas una herramienta muy útil para evaluar la
toxicidad del ambiente, ya sea aire, agua o suelo.
Eficacia biológica
El uso de bioindicadores
vegetales se ha ampliado considerablemente alrededor del mundo, donde
varias ciudades lo han incorporado como parte de sus programas
regulares de control de calidad del aire, tal como es el caso del
proyecto Eurobionet, que se basa en la estandarización de ensayos y
biomonitores, operando en 8 ciudades europeas desde el año 2000.
Por esto motivo, el profesor Cereceda asegura que sería una buena
alternativa el agregar el uso de biomonitores como parte integral de la
red de monitoreo de calidad del aire que ya existe por ejemplo en
Santiago, ya que entregaría información adicional y muy valiosa
respecto de los potenciales riesgos de salud en la población.
“Estudios recientes realizados en ciudades altamente contaminadas han
demostrado que existe una relación directa entre la respuesta del
biomonitor Tradescantia (frecuencia de micronúcleos) con los efectos
sobre la salud de la población, en especial la mortalidad por cáncer y
enfermedades cardiovasculares”, asegura.
Efectos en las plantas
En la actualidad, el CETAM
está trabajando en pos de caracterizar la calidad del aire en ambientes
laborales desde el punto de vista toxicológico (mediante el uso del
biomonitor Tradescantia) y a través de la determinación simultánea de
los compuestos contaminantes (por medio de técnicas químico-analíticas
de desorción térmica y cromatografía gaseosa capilar). Se espera que
los primeros estudios in situ dentro de una empresa puedan realizarse a
fines de este año, los cuales están siendo apoyados por la colaboración
del Instituto de Seguridad de Trabajo (IST) y la empresa norteamericana
Perkin Elmer con su filial en Chile, ambos socios del proyecto FONDEF
D05I10054 de CONICYT.
La investigadora del CETAM Ximena Fadic, señala que es a través de dos
tipos de ensayos cómo se analizan las plantas. El primero, llamado
ensayo de micronúcleos, se basa en la detección y cuantificación de
microestructuras que se generan por la expulsión de trozos de material
genético dañado desde el núcleo hacia el citoplasma de la célula
(micronúcleos). El segundo ensayo que se realiza en el Laboratorio de
Biomonitoreo consiste en el análisis de los pelos estaminales de los
estambres de la flor del biomonitor, más específicamente en la búsqueda
de mutaciones que se evidencian por un cambio de color en las células,
siendo la célula normal de color azul y la que ha mutado rosada.
Ambos efectos se producen debido a la acción de un agente o
perturbación ambiental que afecta al genoma, por ejemplo algunos
compuestos químicos contaminantes como los hidrocarburos aromáticos
policíclicos, presentes en la combustión incompleta de biomasa o los
compuestos orgánicos volátiles como solventes del tipo benceno y/o
tolueno, entre otros.
Cabe destacar que los biomonitores se cultivan bajo invernadero en un
ambiente controlado (sin contaminación), donde, además, se realizan
estudios para optimizar su manejo y obtener así ejemplares óptimos para
ser utilizados en los bioensayos antes descritos.
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