Diciembre, 2009. Un grupo de especialistas de la Universidad Santa María,
desarrollan un sistema de detección rápida de infección en el agua a
través de una membrana artificial. Fuente: La Tercera ; La Nación
Más de 12 millones de muertes al año son
producidas por problemas ligados al consumo de agua, siendo su
principal causante la falta de servicios de evacuación sanitaria de
desechos y de agua limpia para beber, cocinar y lavar. Sólo en Estados
Unidos se estima que anualmente ocurren cerca de 900.000 casos de
enfermedades propagadas por el agua, las que causan 900 defunciones.
Estos datos fueron suficientes para que un grupo de especialistas de la
Universidad Santa María se interesara en buscar una solución al
problema, que derive en un prototipo de detección rápida que permita,
de manera inmediata, reconocer patógenos en el agua a través de un
cambio de color (de azul a rojo) como señal de infección. Algo así como
un test de embarazo, que cualquier persona en el mundo pueda utilizar y
que sea de bajo costo.
EMULACIÓN DEL SISTEMA INMUNOLÓGICO
Pero, ¿cómo funciona esto? Según explica Raúl Galindo, académico del
Departamento de Obras Civiles y Jefe de Proyecto, este sistema se basa
en el desarrollo de un biosensor para la detección temprana de
patógenos. Esto, a través de bio-membranas mímicas (artificiales) de
membranas celulares, que contienen receptores bacterianos específicos
extraídos genéticamente del sistema intestinal humano, los cuales se
activarán cuando el agua presente agentes infecciosos haciéndola
cambiar de color.
“El cromóforo queda capturado por esta membrana, que bajo condiciones
de no activación presenta una coloración azul; pero si se activa, se
torna rojo. Pero, ¿dónde está la apuesta? La idea es incorporarle un
componente de la célula humana intestinal que actúe como reconocedor de
los patógenos; de manera análoga a como ocurre en el organismo humano
para activar sus defensas en caso de presencia de agentes infecciosos”.
Como los expertos se lanzaron con una propuesta de carácter universal,
decidieron trabajar con familias de patógenos que normalmente afectan a
la salud, para así caracterizar la presencia de patógenos y no la
especificación de qué agente infeccioso es (listeria, cólera,
hepatitis, tifus, etc.).
“Nosotros disparamos una idea más general; no pensamos en una solución
que detecte específicamente la especie, sino que diga si tiene o no
contaminantes micro patogénicos en términos genéricos. Después, en un
laboratorio, podremos chequear cuál patógeno es específicamente el que
está presente, pero la señal de alerta, la señal básica es esa: que la
persona en el futuro sepa si puede consumir esa agua o no”, señaló Raúl
Galindo.
DETECCIÓN RÁPIDA
La aspiración última de los desarrolladores se basa en un pequeño
“laboratorio de bolsillo”, es decir, un display que pueda desplegarse
fácilmente y que incluso pudiera estar constantemente en el hogar junto
al alcohol y las vendas. Galindo ejemplifica con un paseo de fin de
semana o unas vacaciones donde, para asegurarse de que el agua del
sector esté libre de infecciones -sobre todo si se viaja con niños-,
cada persona posea la herramienta y haga la prueba. Solamente aplicando
unas gotas al dispositivo, se podrá conocer el estado del agua.
“Hoy día nadie puede hacer estas pruebas porque significa seguir un
protocolo de detección: sacar agua, tomar la muestra y llevarla a un
laboratorio es muy caro, e involucra además un proceso que la persona
normal no hace. Pero con un aparato de estas características, creemos
que sí lo haría”.
Asimismo, Raúl Galindo señaló que “propusimos intentar establecer un
sistema que permita una detección rápida, de no más de 4 horas y ojala
con una expresión cromática (cambio de color) que pueda ser vista por
una persona común y corriente sin tener que recurrir a un instrumento
sofisticado”. Además, aseguró que con estas características, es posible
pensar este prototipo como una plataforma unida a sistemas de
teledetección, geo-refenciación y transferencia a distancia, con el
objetivo de, tal vez, vincularlo con programas internacionales de salud
y contar con un sistema georeferenciado a nivel global sobre la
contaminación de aguas.
Actualmente, el equipo ya cuenta con membranas, las cuales se
encuentran en período de análisis en cuanto a sus respuestas.
Paralelamente se está trabajando en la célula reconocedora del
intestino humano, donde se encuentran utilizando diversos métodos para
dar con el más óptimo y así dar paso a la etapa de integración de la
membrana mímica con el reconocedor.
El grupo de trabajo, integrado por la Erika Valdés (Profesora del
Departamento de Química), Manuel Young (Director del Centro de
Biotecnología de la USM), Raúl Galindo y el investigador Patricio
Villalobos (entre otros), obtuvo un fondo de 450 millones de pesos, de
los cuales Fondef aporta el 43%, la empresa Silob un 26% y la
Universidad Santa María un 31%.
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