Junio, 2010. Durante los últimos años, distintas entidades tanto públicas como
privadas, han levantado investigaciones cuyo objetivo final es el
escalamiento productivo de diferentes especies endémicas, las cuales
poseen un importante potencial en cuanto a las demandas actuales del
mercado. Fuente: Visión Acuícola
Una de las principales conclusiones derivadas de la actual crisis de
la salmonicultura, ha sido el hecho que una vez que el mercado del
salmón sufrió por la caída de las ventas producto del virus ISA, la
industria acuícola se quedó sin especies que logren reemplazar el éxito
en los mercados internacionales y que llevó a Chile el año 2006 a
ocupar el 8ª lugar como país acuícola por la FAO.
De esta forma, ninguna especie ha podido encumbrarse como el nuevo
“gran producto” que logre darle nuevos bríos al actual escenario del
mercado acuícola, a pesar de que durante las últimas décadas se han
erigido más de 50 proyectos tendientes precisamente a lograr
diversificar nuestra matriz productiva.
Ahora,
más que nunca, los esfuerzos en dicha línea no cesan y de hecho -dentro
de las investigaciones más potentes que se están llevando a cabo en la
región- se destaca el trabajo que retomará prontamente Fundación Chile
con sus estudios para la merluza austral (el cual lleva ya un camino
avanzado de aproximadamente 10 años) y La Araucana, con su reciente
estudio del bacalao de profundidad. Estas dos iniciativas actualmente
están postulando a obtener nuevos fondos del PDACH o “Programa de
Diversificación de la Acuicultura Chilena”, donde Fondef e InnovaChile
de Corfo son las entidades patrocinantes.
Los primeros pasos de la investigación en merluza
Fundación
Chile es una de las entidades a nivel nacional que más ha dedicado
tiempo, esfuerzos y tecnologías en poder levantar una exploración con
claros fines de lograr el escalamiento productivo de la especie
endémica merluza austral, la cual cuenta con auspiciosos augurios en
cuanto a cómo se está moviendo el mercado en torno a ella.
La
estación experimental de la localidad de Quillaipe, lugar donde se
emplazan las instalaciones de Fundación Chile, trabaja actualmente con
dos subunidades: una unidad de negocios (Aquadvise), que presta
servicios a la acuicultura en temas de cultivo, alimentos,
antibióticos, vacunas, entre otros y la unidad de investigación y
desarrollo, a cargo del biólogo marino Alberto Augsburger, cuyo
objetivo es desarrollar investigaciones de largo plazo en diferentes
ámbitos como por ejemplo la diversificación de la acuicultura y en
aspectos de productividad de la industria acuícola.
En cuanto al
tema de la merluza, desde hace ya varios años que Fundación Chile viene
investigando todas las potencialidades de este pez, a partir de un
proyecto que buscaba identificar y priorizar las especies con alto
potencial en acuicultura: “esta es una especie que tiene un importante
mercado, si bien sus precios no son tan espectaculares, la verdad es
que las cualidades y características del producto son buenos; de tal
forma que con un sistema de producción controlada en acuicultura, el
tema de precios se podría mejorar”, explica Augsburger.
Dicha
primera etapa del estudio representaba en ese tiempo una gran apuesta
por cuanto se trataba de una especie de la cual no se sabía casi nada,
teniendo que partir la investigación prácticamente desde cero. Con este
escenario de fondo, el año 97 se inició con un primer proyecto
orientado a evaluar la cultivabilidad, en lo que fueron los primeros
indicios sobre si la merluza se podía cultivar y/o domesticar: “Lo que
resultó fueron algunos antecedentes súper importantes respecto al
crecimiento, lo que dio pie a un segundo paso que tuvo que ver con la
reproducción en condiciones de cautiverio”, acota el biólogo marino.
En
esta segunda etapa nuevamente se tuvo que partir de cero con la
construcción de parte de las instalaciones con las que cuenta
actualmente Fundación Chile, como un laboratorio experimental donde
estudiar el ciclo reproductivo, el desove, temas hormonales, incubación
de ovas, cultivo de larvas, etc. Ese segundo proyecto, tal como comenta
Augsburger, “fue bastante exitoso en el sentido de poder llegar a
reproducir la especie, ya que a partir de ejemplares silvestres
acondicionados en estanques de cautiverio, logramos producir unos pocos
juveniles en condiciones controladas en el hatchery de Quillaipe”,
explica Augsburger.
Destrabar los cuellos de botella
Luego
del éxito de haber logrado reproducir, se dio paso a una tercera etapa
que fue escalar productivamente, donde se logró mejorar la tecnología y
se llegaron a producir cientos de miles de larvas y miles de juveniles.
“Sin
embargo esto permitió identificar bastantes cuellos de botella o
brechas en la tecnología, las que pasan fundamentalmente por los
primeros estadios de alimentación inicial de las larvas, donde las
mortalidades fueron muy elevadas y por el hecho de no poder establecer
un adecuado stock de reproductores”, señaló el biólogo marino.
Luego
de las tres etapas de la investigación antes mencionadas, el proyecto
quedó hasta ese punto, debido a una razón fundamental, como la que
explica Augsburger: “Poder enfrentar un desafío como el de desarrollar
una tecnología del cultivo de una especie, no se puede hacer a través
de proyectos de corto plazo. No es posible generar continuidad de las
investigaciones a través de esta dinámica, en donde no se sabe si el
proyecto va a continuar o si van a cambiar los socios, etc”.
Por tal
razón se introdujo la posibilidad de que todo el tema merluza se
trabajara mediante un programa de largo plazo y debido a ésto Fundación
Chile está postulando a un Fondef perteneciente al PDACH o “Programa de
Diversificación de la Acuicultura Chilena”, en el que además participa
InnovaChile de Corfo, con su apuesta por la investigación en palometa y
corvina.
“Lo que hicimos nosotros recientemente fue la
postulación al programa de merluza, para poder retomar la investigación
y proyectar como objetivo el desarrollar la tecnología para escalar
productivamente. Por lo menos la parte inicial será abocarnos a
resolver las brechas, los cuellos de botella que hemos identificado y
la segunda parte será el escalamiento productivo. Si nos adjudicamos
esta propuesta, nos enfocaremos en poder destrabar estos cuellos de
botella, como así también seguir avanzando en la tecnología de cultivo,
incluyendo la engorda en el mar”, concluye Augsburger.
La arremetida del bacalao de profundidad
Para
la corporación La Araucana en tanto, otra de las entidades que
actualmente está postulando a un programa de largo plazo del PDACH, la
apuesta pasa por la investigación y escalamiento en otra especie
endémica que actualmente ofrece grandes ventajas en el sector acuícola,
como lo es el bacalao de profundidad.
El objetivo central del
proyecto, según consigna el director general de esta iniciativa, el
también biólogo marino, Alberto Reyes, “consiste en el desarrollo de
tecnología de cultivo del bacalao de profundidad, también conocido como
mero, patagonian toothfish o chilean seabass. Esta especie es típica de
aguas subantárticas, en donde vive a grandes profundidades (normalmente
entre los 1.500 a 2.500 metros) y es un producto muy apetecido en los
mercados europeos, norteamericano y asiático”.
De esta forma La
Araucana ha identificado a esta especie de pez marino entre los que
poseen el más alto potencial de desarrollo para el cultivo y por lo
mismo, es una de las opciones más atractivas para la diversificación de
la acuicultura chilena, razón por la cual ya desde principios del 2008,
se comenzó a ejecutar el proyecto, el cual tiene una duración de 4
años. Los recursos financieros del mismo provienen del Fondef de
Conicyt, los que se complementan con aportes de La Araucana y cinco
empresas socias del proyecto, las cuales actualmente están postulando a
obtener lo que es el programa de más largo plazo del PDACH, donde se
irá viendo- con tiempo y recursos- las distintas etapas para lograr los
objetivos propuestos.
Según explica Alberto Reyes, la primera
etapa para lograr los objetivos del proyecto, parte con “la captura de
peces vivos, a los cuales se les debe aclimatar a vivir en estanques
para conformar un plantel inicial de reproductores. A partir de estos
peces, se dará inicio al cultivo experimental a partir de ovas, larvas
y luego la producción de juveniles”.
Hitos de la investigación
Para
poder llegar a lo enunciado anteriormente, Alberto Reyes cuenta que se
han efectuado dos campañas de pesca (verano 2009 y de 2010), las cuales
no han sido fáciles por la profundidad en las que se encuentra esta
especie. De tal forma, el plantel de peces que se mantiene en
cautiverio está compuesto por una fracción proveniente de la campaña
2009 y que por tanto ha cumplido más de 14 meses en cautiverio. Un
segundo grupo de peces (campaña 2010) sobrevive en estanques por cerca
de cuatro meses. Para la ejecución de este proyecto, La Araucana
dispone de un completo Hatchery en su sede de Chinquihue, lugar que ha
sido acondicionado y adaptado a los requerimientos del cultivo de este
tipo de peces marinos de aguas frías.
“La experiencia lograda en
la captura de peces vivos, puso en evidencia que estos, si bien son
razonablemente resistentes a la manipulación a bordo, son lábiles a la
acción conjunta de parámetros claves como temperatura, oxígeno y pH
principalmente, además de los efectos directos de la descompresión y el
barotrauma que implica la captura y posterior transporte a estanques en
tierra. A pesar de ello, se logró desarrollar un procedimiento de
captura y transporte de peces vivos que posee sobre el 80% de
eficacia”, comenta Reyes.
Una vez que los peces se trasladan a
los estanques en tierra, se les imitan las condiciones ambientales que
requieren para su sobrevivencia. Donde se mantiene un permanente
monitoreo y control del grupo de peces sobrevivientes, “lo que incluye
control diario de parámetros de calidad de agua, (como el nitrógeno
amoniacal, nitritos, nitratos, Co2 y pH) y control cada una hora de los
parámetros físicos (T° y O2).
“A cada uno de los peces del
plantel se les ha colocado una marca electrónica subcutánea (pit tag).
Los ejemplares de cautiverio han sido tratados con dos dosis de
antibiótico de amplio espectro, mediante inyección intramuscular”,
explica el biólogo.
“Actualmente se trabaja en mantener una tasa
de ingesta de alimento sostenida y apropiada para estos peces, donde la
oferta de alimento consiste en alimento fresco, alimento artificial
húmedo, alimento peletizado y extruído. El alimento artificial consiste
en dietas comerciales formuladas para reproductores de peces marinos.
Si bien, la tasa de ingesta de alimento es baja, evoluciona
paulatinamente en alza y sobrepasa el 0,8% de biomasa/día. Lo alentador
de nuestros resultados parciales obtenidos con los peces en cautiverio,
es que han mostrado tasas de crecimiento que superan entre un 40 y 50%
los valores reportados en peces silvestres de tallas similares. Esto es
muy positivo para los propósitos de nuestro proyecto”, explica Reyes.
“El
próximo desafío en que se encuentra trabajando el equipo, consiste en
obtención de ovas e iniciar la incubación y cultivo larvario que son
pasos obligados que conducen a la producción de juveniles en sistemas
de cultivo”, puntualiza Reyes.
Por KARLA FAUNDEZ L.
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