Junio, 2010. Se estima en un centenar la cantidad de empresas biotecnológicas que
existen en el país, que tienen el potencial de crecer a un ritmo del
30% anual.
A nivel mundial, entre 2007 y 2008, la industria biotecnológica tuvo
un crecimiento de 12%, superando por primera vez los US$ 89.000
millones en ventas. Fuente. Diario Financiero
En Chile, el sector ha tenido un impulso importante en la última
década, con recursos público-privados por más de $ 64.371 millones
(sólo en los últimos tres años) que han logrado potenciar a una
comunidad científica que utiliza la biotecnología como herramienta de
progreso (Corfo catastró 61 centros en 2007), y al centenar de empresas
biotecnológicas que en conjunto facturarían entre US$ 100 millones y
US$ 150 millones, con el potencial de crecer a un ritmo de 30% anual.
InnovaChile ha cofinanciado con US$ 180 millones a 432 proyectos de
innovación biotecnológica desde 1992 y sólo en los últimos tres años ha
aportado el 60% de estos recursos en iniciativas que en su mayoría se
han ejecutado en regiones (52%). En tanto el Fondef de Conicyt,
programa orientado a la investigación aplicada, cuenta con una cartera
de unos 250 proyectos, de los que entre un 25% y 33% tiene algún
componente biotecnológico.
Lo particular, es que deben ser ejecutados básicamente por
universidades, en asociación con unas tres o cuatro empresas que en
promedio aportan un 25% de los recursos involucrados en cada
iniciativa, cuyos costos están entre el US$ 1 millón y los US$ 1,2
millones.
Y si hace algunos años la industria se concentraba básicamente en kits
de diagnóstico para los sectores productivos, las nuevas generaciones
tienen proyectos más disruptivos, innovadores y que apuntan al mercado
global, especialmente en el área de la salud humana, dice Gloria
Maldonado, subdirectora de Biotecnología de InnovaChile.
A ello se suma un fenómeno “interesante” que Gonzalo Herrera, director
del Programa Fondef de Conicyt, ha observado en el último tiempo:
investigadores con una vasta trayectoria en investigación básica, están
incursionando en investigación aplicada. Como el caso del Premio
Nacional de Ciencias 2008, Nibaldo Inestrosa, quien junto a su equipo
viene estudiando el mal de Alzheimer desde los ‘90 y que actualmente
participa en un proyecto Fondef para desarrollar un remedio que
controle la enfermedad a partir de la hierba San Juan.
Lo de siempre: más recursos La piedra de tope para un mayor despegue
continúa siendo el déficit de recursos, pese a los avances: la
inversión pública en ciencia, tecnología e innovación pasó de $ 134.000
millones en 2005 a $ 295.000 millones en 2009. Para Juan Asenjo,
director del Instituo Milenio de Dinámica Celular y Biotecnología, el
diagnóstico es claro: falta mayor magnitud del gasto en I+D (se
mantiene en 0,67% del PIB desde hace una década).
“Se han hecho esfuerzos, pero insuficientes. Ningún país ha pasado a
ser desarrollado invirtiendo menos del 2% del PIB en I+D. Y no se trata
de que los privados pongan más, pues para comenzar el Estado debe
asumir esa responsabilidad. Lo hizo Estados Unidos hace 25 años y lo
está haciendo Brasil, que incluso creó un ministerio de ciencia y
tecnología. Chile no tiene una política de Estado, de largo plazo, en esta materia”, acusa.
Herrera coincide en que la falta de mayores recursos es un tema que
camina en paralelo a un repunte en las capacidades de investigación
aplicada.
Históricamente en el Fondef, ejemplifica, un 40% de los proyectos que
se presentan a concurso amerita apoyo público, pero sólo un 17% de
ellos lo logra. No obstante, observa situaciones incluso más graves y
que, a su juicio, son claras limitaciones a la investigación
científica, al desarrollo tecnológico y al emprendimiento: en Chile no
hay experiencia, infraestructura ni marcos regulatorios para afrontar
las etapas posteriores a la fase de investigación, que son
“extremadamente caras”.
“Por ejemplo, una cosa es desarrollar una vacuna y probar en
laboratorio su efectividad, y otra muy distinta es hacer las pruebas
clínicas. Para esas etapas y en materia de regulaciones y leyes,
estamos en pañales. Falta comprensión de estos fenómenos por parte de
muchas autoridades que deben tomar las decisiones”, dice Herrera.
En esa línea, Jaime Rodríguez, director del Centro de Biotecnología de
la U. de Concepción, plantea que es urgente resolver la falta de
especialistas en el área de bioseguridad y la carencia de un marco
regulatorio. “Sin eso, será difícil comercializar algún producto derivado de la biotecnología. Chile, país dependiente del petróleo importado, tiene la gran
oportunidad de desarrollar biocombustible en etanol celulósico, con
nuestras empresas forestales de clase mundial. Pero dar ese salto
requiere gente, recursos y convicción política”, dice.
Management y patentamiento Potencial existe. Más aún considerando que
Chile es particularmente destacado en los ámbitos de las
biotecnologías, ciencias médicas y biologías. Claudio Wernli, director
ejecutivo de la Iniciativa Científica Milenio, sostiene que en este
campo son varios los desarrollos chilenos que tienen repercusión
nacional e internacional: la vacuna contra la bacteria Piscirickettsia
Salmonis, que está en aplicación contra una de las peores enfermedades
bacterianas de peces; el estudio genómico en bacterias que participan
en la biolixiviación del cobre; los avances en el desarrollo de una
vacuna contra el virus Sincicial o el cáncer de melanoma; el desarrollo
de una terapia génica para el alcoholismo; y el desciframiento del
genoma del durazno.
“Esto último, junto a otras investigaciones que se están realizando en
genómica vegetal, traerán amplios beneficios a los sectores agrícola y
exportador, que verán en poco tiempo más el surgimiento de nuevas
variedades frutales”, dice Wernli.
En ese sentido, en InnovaChile son consciente de que el sector llegó a
un nivel de desarrollo que requiere de más empresas, productos y
servicios para que avance. Visión de emprendimiento. Lo que
necesariamente se relaciona con subsidios, dice Maldonado.
“Los biotecnólogos no son especialistas en negocios ni en marketing,
por lo que hay que desarrollar esas competencias. A eso apunta el
programa BioNegocios en el que participan también Octantis, NEOS y
Endeavor. Se trata de apoyar las estrategias de negocios, propiedad
intelectual y patentamiento con expertos nacionales y extranjeros”,
explica Maldonado.
Respecto a esto último, entre 2000 y 2010 hubo 281 solicitudes de
patentes presentadas en Chile por nacionales, 38% de ellas proveniente
de empresas, 28% de universidades y 34% de personas naturales.
“Uno de los desafíos es tener gente capacitada en la evaluación y
transferencia de tecnología de los desarrollos biotecnológicos, donde
las capacidades en propiedad intelectual son necesarias”, plantea
Maximiliano Santa Cruz, director nacional del Instituto Nacional de
Propiedad Intelectual (Inapi).
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